La pedagogía crítica y las politicas educativas




EL PAPEL DE LA PEDAGOGIA DESDE UNA PERSPECTIVA CRÍTICA EN RELACION A LA EDUCACION PARA EL TRABAJO.
Por: Doris Rocha Garzón- Alba Nely Pineda



Resumen:

La presente síntesis tiene por objeto reflexionar sobre el papel de la escuela y la pedagogía frente a la propuesta educativa de la educación para el trabajo. Hacemos un corto recorrido por la historia de la escuela, señalando algunas  concepciones  abordadas por algunos  autores; luego desarrollamos una pregunta en torno a la relación entre escuela y mundo laboral,  analizamos las implicaciones políticas, económicas, estéticas que representa este enfoque en la educación media, la escuela entendida así, reproduce el modelo de sociedad imperante por lo tanto la desigualdad social.  Finalizamos a manera de  conclusiones, algunas reflexiones que intentan centrarse en la defensa de una escuela que  rescate su sentido y significado educar para la autonomía de los sujetos, la transformación social,  tomando como referentes autores de pedagogía critica. 

Palabras clave: Educación para el trabajo, calidad de la educación, pedagogía.


El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación.
(Paulo Freire y la formación de educadores, 1997)

La educación es un derecho fundamental  universal, al cual todos los seres humanos sin distinción tenemos acceso. En un proceso educativo, Aprender significa inventar, descubrir, crear, recrearse, adaptar; debe ser una proyección y realización personal y colectiva. Desde esta perspectiva y tomando como referencia a Freire y su definición de educación como un proceso destinado a la liberación y el desarrollo de la conciencia crítica. "La gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí mismo y liberar a los opresores”; a  Kant como un arte cuya pretensión central es la búsqueda de la perfección humana.” y  a Aristóteles que planteo que solo mediante la relación del individuo con otras personas se puede hacer un hombre: si esta relación es cualificada puede llegar a ser un buen hombre; nos parece imprescindible velar por el cumplimiento este derecho para que de manera integral cumpla su papel y desarrolle los objetivos planteados en la ley general de educación que la plantea como un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos, y de sus deberes.
Sin embardo, el sistema educativo Colombiano, siguiendo las políticas del sistema capitalista y en :”Lo que el trabajo quiere de las escuelas” (Documento de la Secretaria de Trabajo de los Estados 1992); señala que el sistema educativo debe proporcionar  un conjunto de destrezas  para que los y las estudiantes enfrenten los retos del mundo del trabajo;   busca formar a los y las jóvenes para el trabajo, de ahí la importancia de que la escuela debe desarrollar  las  competencias laborales resaltando que para lograr un alto rendimiento en las  empresas, se deben  buscar  nuevos métodos que combinen   las exigencias de las tecnologías, con las destrezas del trabajador; para asumir dicho reto, entre países empresas e individuos se hace necesario modificar   el sistema educativo  nacional para ponerlo en  concordancia con los cambios económicos y laborales al servicio  del capitalismo. 
No es de sorprenderse que entre las exigencias de ese  mercado, se encuentre en primer lugar el adiestramiento en tecnologías de la información  y la comunicación; pero no para formar ingenieros en sistemas,  ni mucho menos personas  creadoras y transformadoras de  pensamientos  críticos, sino para que los y las  niñas y  jóvenes  de las ciudades estén inmersos desde la escuela  en un medio dominado por pantallas, teclados y medios tecnológicos para que respondan  positivamente  a las órdenes de un computador y se adapten permanentemente a las modificaciones de los programas informáticos.
 Así, la pedagogía debe hacer efectiva la transmisión de conocimientos y el acceso a las nuevas generaciones a los lenguajes de máquina y a las bases de datos en las cuales el saber se encuentra ya dispuesto.[1] Cabe reflexionar porque el estado  Colombiano le invierte tanto capital a las TIC, descuidando la calidad de la educación, abandonando la infraestructura de los establecimientos educativos y desmejorando la eficacia del aprendizaje.
Por consiguiente se precisa  comprender cómo se adquiere el aprendizaje, y su  íntima relación  en la forma como se accede al conocimiento, lo cual implica un análisis  filosófico referente a la relación entre el mundo de las ideas y el mundo real y con ello, aclarar esta contradicción. Al abordar el materialismo dialectico   (Kant, Descartes, Marx) nos damos cuenta que  el énfasis es puesto en la transformación  y el progreso del colectivo social, pues el sujeto no sólo constituye su objeto del conocimiento, sino que este conocimiento ha de ser al mismo tiempo de proyección y realización tanto personal como colectiva. Las ideas constituyen una representación  mental, un reflejo en nuestro cerebro de los objetos reales y de las relaciones entre ellas.[2]
La posición epistemológica de Piaget,  está dada en que el conocimiento no es sólo una copia de  de los objetos reales sino  que es el resultado  de la construcción y transformación  de los mismos:”El conocimiento no es una mera copia  de lo real,  es el resultado de una construcción  lógica que el individuo realiza de modo propio”[3] 
La metodología que centra el proceso de la enseñanza  en el descubrimiento, es una labor  investigadora  propia en sus conocimientos, entendiendo   que es el o la estudiante quien construye dicho conocimiento. Evidentemente  el aprendizaje natural, espontáneo, el que realiza el estudiante  en su entorno  habitual, las situaciones problemicas que plantea el medio, son las  que resuelve de la manera más  gratificante posible.
Paul  David Ausubel[4] señala que  el aprendizaje se logra de dos maneras: por descubrimiento o por recepción; “La distinción entre  recepción y descubrimiento, no es difícil de entender. En el aprendizaje por recepción  el contenido principal de que es lo que se va a aprender, se presenta al estudiante  como nuevos significados con relación a los que ya posee en su estructura cognitiva. El aprendizaje  no involucra ningún descubrimiento en sus partes. Al estudiante se le solicita solamente  entrar en ese material e incorporarlo en su estructura  de conocimiento de tal manera que sea  válido para reproducirlo  o usarlo en futuras ocasiones. La característica principal del aprendizaje por  descubrimiento, por otro lado, es  el contenido principal de lo que se va a aprender y es descubierto por el estudiante  quien lo interioriza; la tarea prioritaria y  distintiva del estudiante, en otras   palabras es  descubrir  algo. Después de que se complete la fase, el contenido descubierto es interiorizado tal como un aprendizaje receptivo.  “(Ausubel, David, el profesor de matemática, New York 1.968 126 p).
Para Ausubel   un aprendizaje significativo es cuando la materia del aprendizaje puede relacionarse  de manera sustancial,  no arbitraria con lo que el estudiante ya sabe; siendo necesario para ello que la materia sea potencialmente significativa, es decir coherente en su estructura  con la estructura cognitiva  y lógica  previa de los estudiantes; siendo además necesaria como cuestión básica la predisposición hacia el aprendizaje por parte de los y las estudiantes.
            También consideramos  de gran importancia  uno de los planteamientos de Vygotsky  de la “génesis social de la conciencia individual: La relación del individuo con su realidad  exterior no es simplemente una relación  biológica. El individuo al  hacer uso de instrumentos adecuados como el lenguaje, puede extender su capacidad de acción sobre esa realidad.  El leguaje le permite al individuo  actuar sobre la  realidad a través de los otros y le pone en contacto con el pensamiento de los demás, con la cultura, la cual influye recíprocamente sobre él. El pensamiento al igual que las demás  funciones psíquicas  superiores,   tienen en sí un  origen social. El lenguaje  y a través de él la cultura,  tienen un influencia decisiva en el desarrollo individual”.[5] 
De esta manera, y para fundamentar aún más  nuestra crítica nos apoyamos en los aportes de Paulo Freire y su incidencia en el pensamiento  de los y las estudiantes; él  tenía muy claro que ser crítico no es lo mismo que ejercitar y desarrollar el pensamiento crítico. El gran pedagogo brasileño tuvo  muy pronto la intuición de que éste debía desarrollarse desde el medio educativo y no banalizarse de ninguna manera. De ahí surgió su propuesta de educación generativa y revolucionaria.
 El pensamiento crítico con referencias pedagógicas  tenía la misión de situar al educando en la transformación de su realidad y del mundo en el que vivía. Esta visión, mostrada en los años 70, sedujo al mundo de la cooperación internacional de la época e influyó tremendamente en los enfoques y caminos que siguió ésta en las décadas siguientes. La capacidad del pensamiento crítico es una herramienta y actitud básica de cualquier sociedad en clave de participación comprometida  que se quiera considerar adulta y en camino hacia el desarrollo. De esta manera, el pensamiento crítico es un enfoque imprescindible para la planificación y el sentido de las acciones de incidencia política y de cooperación al desarrollo humano, social y político.
Para Freire la educación debe servir para que los educadores y educandos “aprendan a leer la realidad para escribir su historia”. Si los seres humanos fueran seres totalmente determinados y no seres “programados para aprender” no habría porque apelar en la práctica educativa a la capacidad crítica del educando.[6] Ello supone comprender críticamente su mundo y actuar para transformarlo en función de “inéditos viables”; en torno a dicha acción y reflexión y a través del diálogo, los educandos y los educadores se constituyen en sujetos.
Pensar con criterio, vivir con criterio, soñar con criterio”, serían, en pocas palabras, los elementos de la Educación Crítica que configuran el desarrollo humano en clave de ciudadanía global.

¿Cuál es la contribución de la pedagogía en la formación del perfil del estudiante que se pretende formar hoy  en las escuelas de Bogotá?
Para dar respuesta a esta pregunta haremos un recorrido histórico por la esencia de la escuela, acuñada en el contexto de la Grecia antigua, la cual  concebía este espacio como el lugar para el ocio o  para el ejercicio de las actividades propias del tiempo libre. En consecuencia quien asistía a ella lo hacía bajo dos condiciones fundamentales, la primera que era una decisión libre y voluntaria y la segunda condición era que los temas, actividades o asuntos a tratar en este espacio no respondían a un esquema preestablecido trazado por alguien, sino a los intereses propios e inmediatos de los asistentes y del conjunto social del cual hacían parte.
De estos principios de la escuela clásica se desprendía un perfil de escuelante o estudiante muy particular caracterizado por su autonomía y su sentido de proyección individual hacia la sociedad de la cual hacia parte. Este sentido político del perfil del estudiante clásico le daba un contenido significativo a la academia desarrollada en la escuela clásica.
En el contexto del periodo precolombino, para el caso de las culturas indígenas americanas, si bien es cierto no se desarrolló un concepto de escuela en los mismos términos institucionales  de la tradicional escuela europea, pero si encontramos semejanzas con el perfil de individuo a formar que la escuela griega se proponía. En este sentido la escuela era la misma realidad que vivían las comunidades día a día, la naturaleza  era la principal fuente de conocimiento y la sabiduría, la  experiencia de los abuelos  se constituía en referente principal a tener en cuenta en la solución de los problemas inmediatos de su grupo social. En consecuencia la realidad y las necesidades inmediatas de los hombres y mujeres eran los motivantes principales para el ejercicio de la búsqueda del conocimiento y por lo tanto al igual que en la Grecia antigua este conocimiento adquiría un contenido significativo importante ya que se acudía a la experiencia de los abuelos y abuelas o a la naturaleza misma para  en colectivo buscar el bien común.

Estos dos modelos de escuela y de perfil de individuo o estudiante a formar concebían a la búsqueda del conocimiento como actividad connatural a la esencia humana y por lo tanto como una actividad libre, voluntaria, espontánea, colectiva, significativa y cuyo objetivo principal era la búsqueda del bien común.
Durante la edad media europea se da el primer paso en la institucionalización del conocimiento, es decir la escuela se encierra en los restringidos marcos del interés de un grupo social en particular, en este caso del dogma de la iglesia católica. A partir de allí la búsqueda libre, voluntaria, colectiva y significativa de conocimiento es reemplazada por la búsqueda de un “ conocimiento teológico” que ya no respondía a la búsqueda del bien común de la sociedad en su conjunto, sino al mantenimiento de los privilegios de un grupo social en particular. Ya no es la realidad y las necesidades que esta impone la fuente principal que animaba a la búsqueda del conocimiento, sino los intereses particulares de un segmento de la población. La realidad y las necesidades que esta impone para ser solucionadas es reemplazada por un “problema de conocimiento” impuesto artificialmente. Este problema se restringía a la necesidad de interpretar adecuadamente un libro sagrado, la biblia y el principal problema de conocimiento ya no tenía los pies puestos sobre la realidad de la tierra, sino  en un tema artificial y pre-impuesto. El perfil del individuo a formar ya no respondía  a los principios de autonomía del individuo y de proyección de éste hacia el colectivo, por el contrario el estudiante allí es concebido como un sujeto preconcebido que se construye en función de la defensa de un interés particular.
Por otro lado el principio de integralidad del estudiante como sujeto que conoce y que debe estar dispuesto a enfrentarse a los múltiples problemas de conocimiento que la realidad  le imponía, se cambia por un concepto de individuo fragmentado que solo responde en su proceso de formación a la solución de un problema único de conocimiento.
Durante el renacimiento europeo se retoman los valores clásicos de la escuela y del estudiante o individuo a formar. Sin embargo tenemos que aclarar que tanto en la Grecia antigua como en el renacimiento europeo acceder al ocio creativo o invertir el tiempo libre en la investigación de la realidad era privilegio de una minoría social, en el caso de Grecia de quienes ostentaban el título de ciudadanos y en el caso del renacimiento europeo de quienes tenían la posibilidad de contar con un mecenas que financiara la actividad investigativa o que contará con un patrimonio propio que le garantizara esa misma actividad de formación.
Con al advenimiento de la sociedad industrial nuevamente  se impone la necesidad de formar a los individuos en función de privilegiar no los intereses generales de la sociedad, sino de un segmento de población en particular. Este segmento no es ya la elite eclesiástica de la edad media, sino una nueva clase social que surgía con la revolución industrial, los capitalistas o la burguesía. 
La escuela se institucionaliza nuevamente y se organiza de acuerdo al mismo modelo de organización de la empresa capitalista que surgía. Se imponen unos temas de conocimiento previos a adquirir funcionales al desarrollo del nuevo modelo capitalista y por lo tanto los conceptos de autonomía  e integralidad de la escuela clásica nuevamente se restringen a los conceptos de dependencia y fragmentación de la edad media.
Durante las primeras décadas del siglo XX se da un movimiento pedagógico conocido como la escuela nueva o escuela activa que retoma elementos de la escuela clásica y construye una idea de escuela y de estudiante integral y vinculada a los problemas de la realidad en general y no de un grupo social en particular. Sin embargo los temores del poder frente a la irrupción de un movimiento pedagógico crítico, restringen al ámbito de la iniciativa de experiencias privadas, estos modelos de escuela y de formación de individuos alternativos.
El sistema educativo público no conto con las mismas garantías de infraestructura y recursos para intentar estas experiencias de escuela activa y se aplica en este el modelo organizativo empresarial Taylorista, ya que es el mas funcional al esquema de producción en cadena industrial imperante en las postguerras mundiales, el cual podemos visualizar de manera clara en la clásica película de Chaplin “Tiempo modernos”.
La escuela es una réplica de la fabrica y se tecnifica el concepto de currículo, como el principal instrumento para garantizar de manera preconcebida un modelo de escuela funcional al modelo de producción imperante.
En el desarrollo de las diferentes fases del capitalismo, la escuela y el perfil del estudiante a formar se diseñan para responder al impulso de la fase en desarrollo.
“Con la globalización del capital, se globalizan los modelos de formación de los individuos y se estandarizan los perfiles básicos de formación”[7]. Tanto así que se crea un sistema internacional de evaluación (pruebas PISA) aplicadas por la OCDE (organización para la cooperación y el desarrollo económico) conformado por las 34 naciones más ricas del mundo y en las cuales no solo son evaluados los estudiantes de 15 años de edad de las naciones miembros de la OCDE, sino de otros países menos desarrollados a fin de medir hasta qué punto los modelos de formación mundial responden al criterio de estandarización internacional impuesto.
Una vez más el perfil de formación de los estudiantes se traza no en función de los intereses inmediatos de los individuos, sino en lo intereses de un sistema económico en particular.
Se sustenta este modelo en su capacidad de ser un modelo de formación integral ya que responde a  la necesidad de satisfacer unas competencias básicas que son integrales, pero solo en función de que responden de manera integral a las necesidades  de desarrollo de la actual fase de desarrollo capitalista global. Más no es integral en realidad ya que no podemos calificar al mercado como la única realidad a intervenir desde el conocimiento y tampoco podemos creer que el mismo mercado es la realidad total, desconociendo las múltiples realidades no solo económicas, sino culturales, de género, étnicas, éticas, artísticas, lúdicas etc.
Bogotá no escapa a esta lógica reduccionista de la realidad y los modelos de formación impuestos allí diseñan unos perfiles estudiantiles funcionales al desarrollo de la fase capitalista en particular y no al desarrollo integral del territorio que se habita.
Antes de describir esos perfiles estudiantiles trazados desde el poder y expresados en la legislación educativa vigente, tenemos que afirmar que independientemente de lo anterior en última instancia somos los sujetos  los que en últimas definimos ser funcionales o no a este modelo. La norma es abstracta y necesita de hombres y mujeres de carne y hueso para ser impuesta y aplicada, el poder tendría que penetrar nuestras mentes para lograr su cometido. Independientemente del espacio de resistencia que se escoja para enfrentar el modelo, sea este institucional (escuela oficial) o  (escuela de la vida) siempre hay lugar para la resistencia.
El perfil estudiantil trazado busca individuos dependientes, dóciles  más no autónomos. Con la nueva concepción de la educación y de competencia entre grupos y sectores en el que el debate intelectual se mezcla con el poder y las emociones se marcan tres actores que representan fuerzas enfrentadas: los actores políticos, los que trabajan en el terreno y los que investigan (Perisset, 2010).
Se vende un modelo de realidad pre-configurado al cual solo nos queda adaptarnos, es decir se crean las condiciones para que los jóvenes crean que la caverna en la cual están inmersos es la única realidad existente  y por lo tanto se crea un espíritu de dependencia frente a un modelo de sociedad impuesto, cerrando las puertas a la autonomía, es decir a la búsqueda por nuestros propios medios de otros mundos posibles.
Con las directrices del modelo impuesto por el ministerio de educación en el que plantea que “todas las instituciones, académicas y técnicas, pueden desarrollar en sus estudiantes competencias laborales generales, que les permitan incorporarse al mundo productivo, se tiene en cuenta que la institución educativa es en sí misma una organización y que es posible desde allí mostrarles a los alumnos elementos propios de la dinámica del mundo laboral. Donde una institución educativa que desarrolla competencias laborales generales, puede generar una cultura institucional en la que la participación, la generación de ideas, la iniciativa y el contacto con el entorno, hagan parte de la vida cotidiana estudiantil.[8]
Nuestra crítica se centra en el tipo de  formación del sujeto, ya que lo que se está constituyendo es un sujeto con sentido competitivo e individualista en contraposición a la formación de un sentido colectivo y solidario. Uno de los conceptos transversales sobre el cual está montado el actual modelo de perfil estudiantil es el concepto de competencia trasladado al terreno de la educación desde la teoría de las organizaciones y de la economía. El solo de hecho de evaluar comparativamente a los estudiantes y de manera cuantitativa supone crear un escenario de competencia individualista entre las personas. El sentido político del individuo es inexistente entendido este como la posibilidad de proyectarse socialmente como individuo, es decir de realizarse como individuo en función de aportar el conocimiento propio en la solución de problemas colectivos.
El concepto de formación integral se reemplaza por un perfil de formación fragmentado. Lo importante es responder a los intereses de lo laboral y  empresarial, sin tener en cuenta un análisis integral de las implicaciones éticas, ambientales, políticas, culturales etc.  De la aplicación de determinados conocimientos puntuales o de determinadas tecnologías de producción aisladas de su contexto de aplicación real, a partir del desarrollo de competencias laborales generales como trabajar en equipo, asumir responsabilidades, relacionarse con otros, orientarse a resultados, utilizar información y gestionar recursos, en las que se tiene en cuenta lo intelectual y las habilidades de pensamiento al servicio de la solución de problemas , la interacción y la adaptación al cambio; por otro lado, están también las competencias laborales especificas referidas a conocimientos y destrezas en oficios específicos. Su desarrollo es más factible en la educación media, donde los vínculos entre las instituciones de educación y el sector productivo son más cercanos.
 Si la institución educativa posibilita una relación entre los estudiantes y ese sector productivo, estos tendrán una inigualable oportunidad de explorar su interés profesional y laboral, actualizarse en el desarrollo de la tecnología y familiarizarse con las dinámicas de cada área del conocimiento.
Los programas de formación en competencias laborales específicas deben tener en cuenta una clasificación general de ocupaciones, que retome, a su vez, las demandas del sector productivo. En este campo, el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) es un aliado fundamental y una fuente de información para las instituciones educativas. Precisamente, el Sena diseñó la Clasificación General de Ocupaciones como un instrumento para clasificar y organizar las ocupaciones por áreas de afinidad y por nivel de calificación o requerimientos en términos educativos. En complemento, se  viene trabajando, en conjunto con los empresarios a través de mesas sectoriales, en la definición de unidades de competencia, que describan los conocimientos necesarios para desarrollar esa competencia, los desempeños esperados y la forma de evaluarla.
No obstante, el modelo de formación del actual perfil estudiantil en el país convierte a la actividad educativa en un ejercicio ajeno a la esencia humana de búsqueda de respuestas a los problemas de su contexto. En este sentido el conocimiento pierde su sentido significativo y se convierte en un ejercicio artificial, es decir se busca el conocimiento no de manera natural sino impuesta, ya que los problemas del conocimiento a resolver no nos los dan nuestras propias necesidades, sino necesidades ajenas a nuestra realidad. Es así como el sentido de conocimiento significativo sede su paso a un conocimiento artificial e impuesto bajo el imperativo de solucionar problemas no significativos. Lo anterior genera una actitud frente al conocimiento de rechazo ya que no se ve en él un instrumento de liberación personal, sino de imposición de intereses de terceros.
Con lo anterior se niega el derecho a la exploración libre de las vocaciones individuales, este derecho esta coartado por completo en la sabana por lo menos en el sistema educativo público, ya que los jóvenes no serán lo que quieren ser, sino lo que el modelo de producción les impone que sean. 
Finalmente se impone un discurso de formación empresarista en el cual se les vende el sofisma a los jóvenes de que ellos serán lo que quieran ser, ya que esto es un problema de simple voluntad de crecimiento personal y se desconoce la necesidad de tener en cuenta un análisis estructural de la sociedad y de los condicionamientos objetivos que esta impone para que no solo baste con tener un espíritu de empresa para alcanzar los sueños, se requieren también de unas condiciones objetivas estructurales de carácter económico y social para que esto se haga realidad. Se vuelve así,  a un discurso idealista que deja de lado la necesidad de una análisis objetivo de la realidad.
Las características pedagógicas que deben orientar el quehacer pedagógico se invisibilizan frente a las actuales orientaciones de las  políticas públicas en materia educativa; así,  en lugar de fortalecer  la calidad de educación están   generando  una mayor desigualdad  y segmentación  social  entre los hijos de las  clases   media y alta, que reciben la educación académica requerida para el ingreso a la educación superior; por el otro lado, están  los hijos de familias con bajos ingresos, para quienes la educación media  se reduce a la capacitación  de oficios de baja calificación a través de los programas  de integración con el SENA  y con las instituciones denominadas  de educación no  formal.
Se forma entonces una política educativa abiertamente clasicista  e inequitativa y se amplía la brecha  que profundiza  y reproduce  la desigualdad social preexistente. La mayor desigualdad social y ocupacional resultante, dificulta aún más la construcción de una sociedad democrática en este país.
De esta manera la escuela deja de  ser  un espacio para la reflexión, el desarrollo y  crecimiento  personal, la crítica, la creatividad, la libertad y la felicidad; su interés ahora está orientado a   satisfacer las políticas mundiales del sistema capitalista; razón por la cual nuestros  jóvenes bachilleres  salen desorientados, no logrando satisfacer sus sueños. Termina cumpliendo el papel de reproductora de las desigualdades sociales y respondiendo al modelo desarrollo capitalista.









[1] Garzón, J. Carlos. Unidades didácticas del curso de epistemología de la pedagogía. En: Saber, educación y pedagogía de la postmodernidad. 2005.
[2] G. A. Kursanov. Problemas fundamentales del materialismo dialectico, 1976

[3] Piaget, 1970.

[4] Ausubel, “Si tuviese que reducir toda la psicología educativa a un sólo principio, enunciaría éste: el factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. Averígüese esto y enséñese consecuentemente” 1986.
[5]  Psicología del desarrollo y la educación. Madrid, 2012.
[6] Freire, Política y educación, 1996.
[7] VEGA, Cantor Renán.    Las “competencias educativas” y el darwinismo pedagógico.  Consultada en http://amec.wordpress.com/documentos/convergencia-europea/las-competencias-educativas-y-el-darwinismo-pedagogico/ Octubre 28.
[8]Educar para el mundo productivo. Al tablero No. 23, AGOSTO 2003. MEN.



¿INCLUSIÓN O INTEGRACIÓN? DE LO  NORMATIVO A LA APLICACIÓN DE UNA POLÍTICA PÚBLICA DESDE DIVERSAS MIRADAS.

DORIS ROCHA GARZON 

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La educación vista como un derecho fundamental y un deber estatal se ha quedado corta en cuanto a la disminución de la desigualdad, la desfragmentación de la población y la inclusión tanto educativa como social. En este documento resaltare el fenómeno creciente de estas problemáticas  teniendo en cuenta la nueva economía,  ya que en todos los países sin dejar de lado el nivel de  desarrollo, aún persiste la pobreza en relación con la participación y la falta de condiciones mínimas  para el cubrimiento de las necesidades básicas, todo esto en clave  de “mejorar” nuestra calidad de vida; la crisis nos lleva a ir quedando fuera del sistema  y a vivir por debajo de los niveles de dignidad e igualdad de oportunidades a las que tenemos derecho.
Con respecto al derecho a la educación el tema clave es “La educación obligatoria y gratuita, que exige calidad y desarrollo de potencialidades de cada persona”. Desde este enfoque como derecho y no como servicio o mercancía se requiere de equidad para su pleno goce, permitiendo de forma especial el acceso de grupos minoritarios o especiales. En este documento los puntos  esenciales de las temáticas a tratar referentes precisamente con la política de inclusión van  desde el marco referencial de la UNESCO y el ministerio de educación nacional específicamente de la población con necesidades educativas especiales en relación a los pro y los contra en la aplicación misma de esta política, analizando los puntos de vista de los maestros y el apoyo que se brinda a las instituciones para que se cumpla como está reglamentada.
Desde el momento que se desea avanzar hacia sistemas educativos más inclusivos es necesaria la voluntad política para que el desarrollo de los proyectos sea a largo plazo y no simplemente otra propuesta más que se quede en el camino, se requiere además, aumentar la inversión en educación para contar con los recursos humanos, materiales, tecnológicos y financieros que garanticen los derechos de todos y todas  en diferentes contextos  y que no permitan la reproducción de desigualdad de origen de los niños/niñas  como condicionantes de su futuro. Un aspecto clave es la personalización de las ayudas que se requieren en las instituciones pero no de manera asistencialista, compensada y focalizada, sino por el contrario permanente, procesual y global.
Aunque la mayoría de los países adoptan los principios de la Declaración de Educación para todos (EPT), en la práctica es posible constatar que la educación no es para todos sino para la mayoría y que la exclusión continúa debido a su desventaja cognitiva y social. Según el Informe de Seguimiento de la EPT en el Mundo de 2008, todavía existían 72 millones de niños que no tenían  acceso a la educación primaria y 774 millones de jóvenes y adultos eran analfabetos, de los cuales el 64% eran mujeres.
La baja calidad y la inequidad de la educación  aún persisten incluso en países con altas tasas de escolarización. Existen grandes diferencias entre y al interior de los países en el acceso a los diferentes niveles educativos y en la distribución del conocimiento. De los países con información disponible, tan sólo un 63% ha alcanzado la paridad de género en la educación primaria, descendiendo a un 37% en la secundaria. También persisten escuelas o programas segregados para personas con necesidades educativas especiales, de diferentes etnias o de familias migrantes, y muchos estudiantes no reciben un trato acorde a la dignidad humana porque se violenta su cultura o son víctimas de la violencia física o psicológica (CEPAL, 2004).
La exclusión en educación es por tanto un fenómeno de gran magnitud que no se limita a quienes están fuera de la escuela, porque nunca han accedido a ella o la abandonan debido a la repetición, la falta de pertinencia de la educación, los obstáculos económicos o las circunstancias de vida de los estudiantes. La exclusión también afecta a quiénes estando escolarizados son segregados o discriminados por su etnia, género, su procedencia social, sus capacidades o características personales y a quienes no logran aprender porque reciben una educación de baja calidad[1].



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La UNESCO define la educación inclusiva como un proceso orientado a responder a la diversidad de los estudiantes incrementando su participación y reduciendo la exclusión en y desde la educación. La inclusión relacionada con la presencia, la participación y los logros de todos los alumnos, con especial énfasis en aquellos que, por diferentes razones, están excluidos o en riesgo de ser marginados, constituyendo un impulso fundamental para avanzar en la agenda de la EPT.[2] Agrega que el concepto de Educación para Todos no lleva implícito el de inclusión, porque esta no sólo es acceder a la educación sino además que la educación sea de calidad y sin discriminación, para lo cual se debe transformar profundamente el sistema educativo  desde el currículo y las actividades que deben empalmarse para la población con discapacidad contemplando las necesidades de todos y todas, esto es lo significativo para un aprendizaje máximo y el desarrollo de potencialidades, capacidades y habilidades de cada estudiante. Por esto, no solo podemos hablar de integración se requiere de participación y preocupación real para disminuir los niveles de exclusión en todos los países especialmente en aquellos que por diferentes causas son marginados y aislados. Inclusión no es integración.
Si hablamos de integración se requiere adoptar el currículo y las metodologías, lo que en la realidad no es llevado a cabo; lo que se hace es trabajar de manera individualizada con estudiantes, en este caso que presenten Necesidades Educativas Especiales (NEE), guiadas por un profesional (algunas veces) o en espera de que la actitud del maestro sea favorable para aplicar nuevas prácticas y materiales.  Esto no es educación de inclusión porque no hay universalización de prácticas sin transformación curricular; no es hacer y aplicar actividades diferentes para estos niños/niñas, lo ideal sería trabajar aunadamente teniendo en cuenta la participación de todos; de nada sirve llevarlos a la escuela y mantenerlos alejados como el grupo de los “especiales” o “discapacitados”, ellos deben ser partícipes y no ser vistos como los anómalos del salón según sus compañeros.
Esta educación demanda por consiguiente una mayor competencia profesional de los docentes y su trabajo colaborativo con familias , además de proyectos educativos amplios y flexibles que favorezcan los aprendizajes; pero, la realidad es otra, hasta nefasta podría agregar, porque los docentes realmente no contamos con las capacidades para trabajar con este tipo de población, ni las familias contribuyen al proceso de mejoramiento y avance de sus hijos y aunque se haga todo lo posible, realmente los resultados no son tan favorables como lo que se espera. Lo que se requiere es trabajar verdaderamente con profesionales en la materia de estudiantes con NEE, y que el proceso sea permanente no solo de charlas cortas y tareas por hacer, sin una observación constante, la inclusión no es solo hacer por cumplir unas normas sino realmente comprometerse con la política educativa partiendo de las ayudas que debe ofrecer el Estado en todos los casos, brindando apoyo a quien más lo necesite.
 Así, uno de los objetivos fundamentales de los centros educativos debe ser convertir el currículo del aula en un elemento fundamental de la respuesta educativa para todos los alumnos. A este respecto, Bayliss (1997), tomando las concepciones del tiempo propuestas en la obra de Hargreaves (1996), expone la necesidad de que éstas sean aplicadas al concepto de NEE y ello permita la consideración del mismo desde un punto de vista policrónico, es decir, considerando  el desarrollo desde una perspectiva multidimensional, errática y en muchos aspectos impredecible, al plantear que el desarrollo del niño no es lineal, sino que está en estrecha relación con el entorno, los resultados del aprendizaje y la familia; pero por el contrario, en muchos casos se está evidenciando desde un punto de vista monocrónico que  ve el desarrollo en términos lineales, los resultados de aprendizaje predecibles y las causas de las NEE determinadas exclusivamente por el déficit que el niño posee. En el fondo, son “alumnos especiales” que, después de ser diagnosticados, se determina su intervención prescriptiva, que requiere un currículo especial descontextualizado, en muchos casos, del resto del grupo de referencia y que se lleva a cabo en entornos segregados (fuera o dentro del aula), puesto que sus necesidades son vistas como diferentes de las del resto de niños “normales”.
El currículo del aula debería entonces  ser equilibrado, relevante y diferenciado, dando cabida a los diferentes procesos educativos que requiere la diversidad de alumnos escolarizados en ella, un currículo que no prime exclusivamente los conocimientos académicos, sino también otros relacionados con aspectos de la vida adulta, tales como la socialización, las habilidades sociales y las amistades que para muchos alumnos, si queremos que sean miembros activos en el entorno que les rodea, constituirán los principales objetivos educativos que son esenciales. En definitiva, se trata de que cada alumno aprenda, en la medida de sus posibilidades, los objetivos curriculares relacionados con las distintas áreas del currículo, en los que estarían incluidos tanto las habilidades socio académicas, como las de la vida cotidiana.
Desde el enfoque económico,  la inclusión es vista como un medio para mejorar la eficiencia y la relación costo-beneficio de los sistemas educativos, ya que es menos costoso mantener escuelas que educan toda clase población  que un sistema con escuelas para niños/niñas con distintas discapacidades. Las escuelas inclusivas deben ofrecer educación efectiva para todos. Un estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) realizado en 1994 estimó que la inclusión de estudiantes con necesidades educativas especiales en la escuela común puede resultar de 7 a 9 veces menos costosa que su escolarización en escuelas especiales. 





Se ha demostrado que un enfoque de educación inclusiva no sólo es menos costoso sino también más eficiente porque aumenta el rendimiento y los resultados obtenidos por todos los niños. ¿Será esto cierto?,  se plantea además la política de no repetición  ya que los recursos financieros de los estudiantes que repiten podrían ser útiles para mejorar la educación de todos siendo invertido en la formación de los docentes, la dotación de materiales o computadoras, o la provisión de apoyos y ayudas adicionales a los estudiantes que presentan alguna dificultad en su proceso educativo, contribuyendo así al mejoramiento de la calidad de la educación. Desde este punto de vista la inclusión ve las diferencias como oportunidades para enriquecer los procesos de aprendizaje por lo cual la oferta educativa, el currículo y la enseñanza deben ser flexibles y ajustarse a las necesidades, características y contextos de los estudiantes.
Para que la política de inclusión sea exitosa se requiere de compromiso en el que  las instituciones educativas revisen constantemente sus valores, organización y prácticas educativas para identificar y minimizar las barreras que enfrentan los estudiantes para participar y tener éxito en su aprendizaje, buscando las estrategias más adecuadas para dar respuesta a la diversidad y aprender de las diferencias; se requiere además un sistema de apoyo  que colabore con los docentes en la atención a la diversidad del alumnado, prestando especial atención a aquellos que más ayudas necesitan para optimizar su desarrollo y avanzar en su aprendizaje. El apoyo abarca todos aquellos recursos que complementan o refuerzan la acción pedagógica de los docentes. Se requiere de otros docentes y estudiantes que se apoyen mutuamente, familias, profesores con conocimiento especializado y profesionales de otros sectores. Y se requiere de un Estado capaz de entender el desarrollo de programas de educación inclusiva en el marco del concepto de la educación como bien público.
 Un Estado con capacidad de planificación y de gerenciamiento y que articule estrategias de diseño e implementación con la sociedad civil, que responda a preguntas como: ¿Qué estrategias se van a poner en práctica? ¿Cómo se justifica la inclusión como un avance hacia la calidad? ¿Hasta qué punto se acepta el reemplazo de la idea de la inclusión como incorporación al sistema educativo aceptando la nueva concepción de inclusión al conocimiento? ¿Cómo se trabaja en la formulación de nuevos marcos legales que habiliten políticas de inclusión más abiertas? ¿Alienta el ministerio de educación instancias de trabajo legislativo en este sentido? Todas estas son preguntas que aún están sin responder y que se han convertido en una preocupación constante para la labor de los docentes.
Con respecto a esto, uno de los elementos que emerge con relevancia es la actitud del docente  hacia la inclusión educativa, pues ésta puede facilitar la implementación o puede constituirse en una barrera para el aprendizaje y la participación de los estudiantes. En este sentido se hace necesario conceptualizar la actitud del maestro, como un conjunto de procesos orientados a eliminar o minimizar las barreras que limitan el aprendizaje y la participación de todos los estudiantes en la cual sus dimensiones incorporan la cultura, política y práctica.
El éxito de una mayor inclusividad educativa está marcado por ciertos aspectos relevantes que se relacionan con el liderazgo de las escuelas, una cultura colaborativa, arreglos y adaptaciones de infraestructura que facilita el acceso, posibilidad de compartir la experiencia de otros profesores y con el desarrollo profesional de especialistas. Hay además (Beltran, 1996) indicadores del éxito de las prácticas inclusivas dentro de un contexto escolar, como los tipos de discapacidad, la cantidad de tiempo para aprender, el personal de apoyo disponible, los tipos de evaluación especial, las habilidades  para generar cambios en las practicas pedagógicas, las modificaciones curriculares y la percepción de la comunidad educativa sobre el impacto de las practicas inclusivas. El aula es el lugar donde se producen la mayoría de los aprendizajes institucionalizados que llevan a cabo nuestros alumnos. Por tanto, es donde debe darse la concreción última del planteamiento curricular que, partiendo de un currículo generalizado para toda la población escolar, se va definiendo y concretando progresivamente a través del Proyecto Educativo y Curricular y, posteriormente, a través de la programación de las clases.
Así se desprende que la actitud del profesor es fundamental en el proceso de inclusión educativa, entendiéndose por actitud una posición u orientación del pensamiento, que se traduce en una forma determinada de pensar, actuar o reaccionar (Beltrán, 1998). Distintas investigaciones sobre las actitudes de los profesores hacia la inclusión educativa, evidencian que ésta puede cambiar en función de un conjunto de variables referidas a la experiencia en el proceso educativo, las características de los alumnos, la disponibilidad de recursos, la formación, el apoyo y tiempo disponible.
Investigaciones de los autores de Boer, Pijl & Minnaert (2011), plantean que los profesores/as son personas claves en la implementación de la educación inclusiva. Una actitud positiva juega un rol esencial en la implementación de cambios educacionales exitosos. Estos autores dan cuenta de la revisión de 26 estudios que muestran en su totalidad que la mayoría de los profesores posee una actitud neutral o negativa hacia la inclusión de estudiantes con NEE en la educación regular, siendo la capacitación, género, años de experiencia trabajando en ambientes inclusivos y tipo de necesidades educativas, factores que impactarían en las actitudes de los profesores.
Pero, ¿Qué es lo que impacta en los maestros? La práctica profesional no solo se centra en el dominio de los contenidos que se imparten, es necesario además, el facilitar los aprendizajes de todos los estudiantes; esta doble responsabilidad está condicionada por múltiples factores que desde la inclusión pueden obstaculizar el proceso de enseñanza-aprendizaje para todos en igualdad de condiciones. Uno de esos factores tiene que ver con la experiencia del docente ya que esto influye en la medida que si se tienen menos años de experiencia puede haber una  actitud más positiva hacia nuevos retos y cambios, o si se tiene experiencia en educación especial, marcaría la diferencia con aquellos docentes que en su quehacer pedagógico no han experimentado instancias inclusivas.
Un segundo factor, se refiere a las características de los estudiantes con NEE, que pueden ser permanentes o transitorias. Las NEE permanentes, son aquellas dificultades que se presentan durante toda la trayectoria escolar y vida en general. Se encuentran las deficiencias visuales, auditivas, motoras e intelectuales entre otras. Las NEE transitorias son problemas de aprendizaje que se presentan durante un periodo escolar determinado, requiriendo una atención pedagógica específica. El tipo de discapacidad es importante en el momento que el docente asume su rol, en su disposición hacia la inclusión. Así los profesores responden de manera más positiva hacia niños/as con discapacidades leves (Síndrome de Down), con discapacidad física (parálisis cerebral) y hacia aquellos niños/as sin un diagnóstico. Los estudiantes integrados con trastornos del aprendizaje y problemas conductuales reciben altos índices de rechazo desde sus profesores en relación a los estudiantes sin NEE. Boer et al. (2011), sostienen que los educadores se muestran más negativos al hablar de inclusión de niños/as con trastornos de aprendizaje, problemas conductuales y discapacidad intelectual, que sobre la inclusión de estudiantes con discapacidad física o sensorial. Según los autores, los docentes condicionan sus actitudes de acuerdo a las necesidades que presentan los estudiantes, lo cual limita las posibilidades de inclusión y el proceso de aprendizaje en igualdad de condiciones, donde la educación para todos queda de nuevo limitada a una educación para la mayoría.
Factores que no se pueden dejar de lado son  el tiempo y los recursos de apoyo indispensables para la apropiación de la política de inclusión, porque  permiten contar con lapsos, espacios y oportunidades para la planificación y coordinación de actividades. Tiempo con el cual no se cuenta y se convierte  en una dificultad que genera rechazo hacia el proceso de inclusión. Los recursos de apoyo permiten por su parte brindar respuestas educativas de calidad a las NEE y se ven representadas en recursos humanos o recursos materiales. Desafortunadamente, es evidente que la cobertura no ha logrado permear todas las instituciones educativas, por lo cual no se cuenta con apoyo profesional para atender a toda la población de inclusión. Los recursos materiales permiten diversificar las estrategias de enseñanza, sin embargo, se requiere de todo un equipo de trabajo y disposición  para llevarlas a cabo. Por su parte, estudios de Además, y  sin duda es fundamental que los profesores tengan una formación inicial profesional que les permita contar con herramientas para dar respuestas educativas de calidad a la diversidad de estudiantes en el proceso de enseñanza- aprendizaje. Y por otra parte, que cuenten con una formación profesional continua que permita capacitarse y actualizarse permanentemente, para responder a las distintas demandas emergentes.
En este sentido diferentes se enfatiza en  la relevancia de la formación de profesores como un factor decisivo para hacer posible el proceso de inclusión educativa ya que un considerable número  de estudiantes de pedagogía, manifiesta que los profesores de educación regular no tienen la formación necesaria para atender a los alumnos con NEE y no se autocalifican como bien preparados para incluir estudiantes con discapacidad en sus aulas. En general los profesores no se sienten competentes ni a gusto enseñando a niños con diversas NEE.

Para esta política educativa, es imprescindible contar con oportunidades de desarrollo profesional continuo, para así responder efectivamente al creciente número de necesidades especiales que presentan los estudiantes en cada una de las instituciones, para que de esta manera la actitud también sea positiva, ya que no basta solo con hablar de inclusión, se requiere además de docentes  que se atrevan a asumir riesgos y estén  abiertos al cambio, que busquen nuevas formas de enseñanza y reflexionen de forma crítica sobre su práctica para transformarla, que valoren las diferencias como un elemento de enriquecimiento profesional y que sean capaces de trabajar en colaboración con otros docentes, profesionales y familias; seres humanos sensibles a las emociones de sus estudiantes y que ofrezcan múltiples oportunidades y  altas expectativas respecto al aprendizaje de todos.
  En este marco, se debe dar importancia  a la  actitud positiva hacia la inclusión educativa, señalando que si no se ofrece un mayor apoyo administrativo, tiempo de planificación y capacitaciones sobre estrategias pedagógicas específicas según discapacidades, la percepción positiva que los profesores tienen se podría ver deteriorada.
Un profesor con insuficiente formación inicial y capacitación, que posee poco tiempo para planificar su trabajo, sin experiencias previas atendiendo la diversidad tendrá mayor probabilidad de tener una actitud negativa, ya que cada uno de estos factores afecta las actitudes que los docentes puedan tener, limitando o facilitando sus intentos de generar prácticas más inclusivas. Además habría que considerar que posiblemente la presencia de más de uno de estos factores podría hacer más complejo el abordaje de esta problemática. Mientras más factores afecten negativamente las prácticas pedagógicas de un profesor menos será la probabilidad de que el docente manifieste una mejor actitud hacia la inclusión educativa.
En Colombia el ministerio de educación nacional MEN, dentro de su proceso de reorganización y modernización, busca transformar el servicio educativo en magnitud y pertinencia y presenta herramientas tanto pedagógicas como jurídicas para orientar la aplicación de acciones de acuerdo a sus ejes de política.
Desarrolla proyectos para fomentar la ampliación de cobertura en el sistema educativo de estas poblaciones vulnerables y con NEE, propicia condiciones para la permanencia de estudiantes en el sistema, orienta la educación para grupos poblacionales, desarrolla e implementa modelos educativos flexibles y apoya la reorganización de la oferta pública educativa. Los lineamentos para cada grupo poblacional parten de la identificación de necesidades educativas de la población. De esta forma, se establecen las directrices que cada entidad territorial debe realizar en los planes de acción para atender la vulnerabilidad, así como los criterios para hacer seguimiento y evaluación a dichos planes.
Sobre la atención de estudiantes con capacidades excepcionales define las formas de organización de proyectos educativos institucionales (PEI) especiales para su atención. Y deja planteada la necesidad de contar con unos apoyos para llevar a buen término este proceso. Entre los fines y objetivos de la educación que esta ley propone para la población colombiana, están el pleno desarrollo de la personalidad, dentro de un proceso de formación integral; la formación en el respeto a la vida y a los demás derechos humanos, en los principios democráticos de convivencia, pluralismo, justicia, solidaridad y equidad, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad; es importante destacar dos elementos muy importantes en la educación de la población con necesidades educativas especiales: la formación para la autonomía y para la participación social.
 Estos planteamientos aunque están ya reglamentados y parecen ideales no se concretan en la realidad de las instituciones y aunque el MEN agrega el reglamentario de la Ley 715 del 2001, para fijar la planta de personal de los establecimientos que atienden a estudiantes con necesidades educativas especiales, indicando que los profesionales que realicen acciones pedagógicas y terapéuticas que permitan el proceso de integración académica y social sean ubicados en las instituciones educativas que defina la entidad territorial para este propósito, lo cual no se cumple porque no se cuenta con personal suficiente para atender todas las eventualidades. 
Para  el MEN  atrás quedó la existencia de dos sistemas educativos paralelos (sistema ordinario y sistema educativo especial), con dos currículos diferenciados (normal y especial), que según él,  para nada facilitaban una respuesta educativa diferenciada y atentaban con los principios de igualdad y equidad porque no se estaban ofreciendo las mismas oportunidades educativas a todos los niños/niñas; pero desde esta interpretación, ¿a qué igualdad y equidad nos referimos?,  si continuamos haciendo grupos focales en cada institución y desafortunadamente en mínimas condiciones ya que como lo he mencionado no se cuenta ni  con el personal de apoyo que se requiere y en muchos casos ni con la disposición para hacer de la educación de esta población con NEE, una educación enfocada hacia el cumplimiento de sus sueños y metas; esta propuesta  es una política inclusiva y económica, que busca reducir costos, ampliando una cobertura, únicamente para mostrar cifras sin empoderarse realmente de la gran problemática que se está generando al interior de las instituciones y sin pensar en el daño que se ocasiona a estas personas.
Son muchas las preocupaciones que me inquietan con respecto a la aplicación eficaz de la política de inclusión. ¿Sera entonces posible que los sistemas educativos no inclusivos estén libres de discriminación y  desigualdad? ¿Puede un enfoque basado en los derechos contribuir a transformar un sistema educativo y a cada una de las escuelas en lugares más inclusivos?  ¿La política de inclusión es el mecanismo que busca mejorar la calidad de vida de estudiantes con NEE? o simplemente desde lo económico, ¿busca reducir costos, situando la educación como un servicio que en el marco de las políticas del sistema capitalista y globalizante compite para mostrar cifras? 

Bibliografía
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Beltrán. (1996). En: Actitud de los profesores hacia la inclusión educativa. No. 25 . Centro de Estudios Interdisciplinarios en Etnolingüística y Antropología Socio-Cultural. Granada A. Maribel. Chile.2013.
Boer, P. &. (2011). En: Actitud de los profesores hacia la inclusión educativa. No. 25 . Centro de Estudios Interdisciplinarios en Etnolingüística y Antropología Socio-Cultural. Granada A. Maribel. Chile.2013.
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[1] R. Blanco, “Construyendo las bases de la inclusión y la calidad de la educación en la primera infancia”, en: Revista de Educación (Universidad Complutense de Madrid), Monográfico nº 347 sobre ‘Atención socioeducativa a la primera infancia’, coordinado por la Mª Paz Lebrero Baena (en prensa).

[2] UNESCO, Guidelines for Inclusion. Ensuring Access to Education for All [Orientaciones para la inclusión. Asegurar el acceso a la Educación para Todos]. Paris, UNESCO, 2005.






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