La desigualdad de Género: Cambios y permanencias.



La  desigualdad de Género: Cambios y permanencias.

Por Alba Pineda



En todo el mundo, demasiadas mujeres y niñas dedican un número excesivo de horas a las responsabilidades del hogar; habitualmente, destinan a estas tareas más del doble de tiempo que los hombres y los niños. Ellas cuidan a sus hermanas y hermanos más jóvenes, a sus familiares ancianos, a las enfermas y los enfermos de la familia, y realizan las labores del hogar. En muchos casos, esta división desigual del trabajo tiene lugar a expensas del aprendizaje de las mujeres y las niñas, y de sus posibilidades de obtener un trabajo remunerado, hacer deporte o desempeñarse como líderes cívicas o comunitarias. Esto determina los patrones de desventajas y ventajas relativas, la posición de las mujeres y los hombres en la economía, sus aptitudes y lugares de trabajo.

Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo de 2017.

El conjunto de desigualdades sociales, económicas y políticas es una de las deudas pendientes de la sociedad moderna que no ha podido ser superada por la educación.  Si el tema se analiza desde una perspectiva de género, encontraremos que la desigualdad aumenta en poblaciones que históricamente han sido relegadas en razón del sexo, raza y clase social.  Ahora si todos estos factores se corporizan en seres humanos específicos el resultado es muy preocupante.
Es claro que la situación de discriminación y desigualdad que enfrentan las mujeres en el mundo globalizado de hoy, afecta no sólo a las propias  mujeres sino a la sociedad en general.  Una sociedad que preconiza por un lado valores como: la  igualdad, equidad, pero por otro lado es una sociedad  que discrimina a los seres humanos en razón de su sexo, raza, clase, lugar de procedencia es una sociedad  tremendamente jerarquizada   estandarizada y homogenizada por lo  menos en sus intenciones (Meyer & Ramirez, 2000, pág. 98)
Para efectos de este trabajo me propongo analizar de qué manera  la desigualdad educativa y económica  entre hombres y mujeres se mantiene a pesar de los cambios en las políticas públicas en los últimos años, como una realidad naturalizada e invisibilizada en Colombia y  el papel de la educación en las permanencias o en los cambios. Se parte  de la idea que la desigualdad histórica a las que se han visto sometidas las mujeres es un patrón de desventaja a la hora de las mujeres acceder a la educación y al mundo laboral.
Según la investigación  del DANE: Brechas salariales por sexo: comportamiento para asalariados e independencia realizada entre el 2008 y 2014, la presencia laboral ha permitido para muchas mujeres autonomía y decisión frente a sus vidas y como recurso para “la participación ciudadana y política” (Fernandez, 2015).  Sin embargo en la investigación la autora  demuestra cómo se sigue favoreciendo  la condición del hombre.  Según este estudio “las mujeres siguen manteniendo una menor participación en la tasa global de participación nacional (TPG), un mayor desempleo y una menor representación en las categorías principales de la economía por posición ocupacional” (Fernandez, 2015, pág. 2)
Sin embargo en el campo educativo según “(Peña, 2006) citado en la misma investigación las mujeres superan a los hombres en el logro de la universidad” (Fernandez, 2015, pág. 2).   “La educación considerada como  el instrumento crucial para alcanzar el desarrollo nacional e individual, como parte fundamental y causal del modelo  cultural de la sociedad moderna” (Meyer & Ramirez, 2000, pág. 93), viene avanzando en cuanto a garantizar la igualdad de oportunidades de acceso y rechazo a la discriminación.  Sin embargo, ello no se traduce en cambios sustantivos y en cuanto a mejorar las condiciones de vida de las mujeres en términos económicos y de empleabilidad.   
La cuestión aquí es preguntarse ¿Por qué si las mujeres están igualdad de condiciones formativas a los hombres, su realidad económica y sus posibilidades de empleos son menores?  ¿Cómo explicar este asunto que a simple vista pasa desapercibido y no genera mayores discusiones en el ámbito de lo nacional, ni se ve contrarrestado con políticas públicas encaminadas a la superación de la esta situación que genera desigualdad?
Ahora bien, es cierto que la larga trayectoria de lucha del movimiento feminista dado a través de la historia, denunciando la discriminación y exigiendo el cumplimiento de los derechos ha mejorado en algunos campos la situación de las mujeres.   Por ejemplo en cuanto al acceso  a la educación, al mercado laboral y  la política, otrora considerados espacios masculinizados legitimados por una fuerte división sexual del trabajo, que impedía física y simbólicamente la participación de las mujeres en espacios públicos relacionados, con la toma de decisiones importantes para la sociedad y las confinaba única y exclusivamente al hogar, en el papel de trabajadora en el espacio doméstico sin salario y reproductora de la  especie humana.
El análisis desde una mirada de género entendido este como una categoría analítica que permite explicar las diferencias entre hombres y mujeres como consecuencia de una construcción social y como el resultado de relaciones sociales asimétricas.  Si bien es cierto que entre hombres y mujeres existen unas diferencias de tipo físico y anatómico, que son evidentes ante los ojos, el problema se presenta cuando estas diferencias terminan por convertirse en desigualdades sociales que conlleva a que hombres y mujeres ocupen lugares y espacios diferenciados  en la sociedad.  Por lo tanto, es claro que al ser una construcción social y cultural no es natural, pero que se ha naturalizado a partir de estructuras sociales patriarcales como son la familia, la escuela, la religión y el Estado.  Así:
 “las apariencias biológicas y los efectos indudablemente reales que ha producido en los cuerpos y en las mentes, un prolongado trabajo colectivo de socialización de lo biológico y de biologización de lo social se conjugan para invertir la relación entre las causas y los efectos y hacer aparecer una construcción social naturalizada” (Bourdieu, 2000, págs. 13 -14) 
Resultado de esa construcción social naturalizada sobre los cuerpos ha sido la  desigualdad social, económica, política entre hombres y mujeres, desigualdad que permanece a pesar de los cambios y las luchas del movimiento de mujeres a través de la historia por denunciar que las diferencias sexuales no pueden ser la excusa para la exclusión sistemática que ha dado pie a la configuración de un sistema de división sexual  del trabajo, que ha significado para las mujeres el desenvolvimiento en espacios  de trabajo no remunerados como son el hogar y el cuidado.
Hoy podemos decir, que a pesar de los espacios ganados en el campo educativo, mayor acceso a la educación superior, la participación de las mujeres en el mundo laboral y la política  la desigualdad económica, social, política sigue siendo una constante en el mundo globalizado.  Algunas cifras importantes del DANE en Colombia muestran como las mujeres a pesar de tener en ocasiones una mejor preparación en términos académicos, cumplir las mismas funciones, mismos horarios ganan menos salarios que  los hombres en la misma posición.  La brecha es del 20% en materia salarial.  Una de las variables que se tienen en cuenta a la hora de hacer la medición es el factor educación, podríamos suponer que a mayor inversión de capital educativo que los individuos realizan, el retorno en los ingresos seria mayor, pero para el caso de las mujeres no.
Sin embargo existen otras variables importantes a considerar que nos explican porque a pesar del aumento de las mujeres en la educación, no ha significado que la desigualdad entre géneros desaparezca;  por ejemplo en cuanto a lo que estudian las mujeres al respecto Peña; Buschiazzo  (2006) afirman:
 “el estudio de carreras fortalece los estereotipos sociales puesto que el accionar profesional de la mujer tiende a circunscribirse a funciones que constituyen una prolongación de sus quehaceres, siendo una extensión de su labor educativa y de cuidados. En tanto, los hombres realizan actividades con mayor prestigio social, y económicamente mejor remuneradas, es así como las carreras masculinizadas siguen siendo las ingenierías en sus diversas versiones y la actividad científica” (pág. 3).
Las carreras que mayormente estudian las mujeres son aquellas consideradas social y culturalmente como carreras femeninas, a través de las cuales las mujeres continúan desarrollando una función social de cuidado, como enfermería, docentes, trabajo social, entre otras.
En su desempeño profesional, las mujeres también se ven enfrentadas a continuar con su trabajo en el hogar, el cuidado de sus hijos/hijas, esposos, padres/madres, sometiéndose a lo que el feminismo ha denominado como las dobles y triples jornadas.   Lo que en conclusión significa que las mujeres han entrado masivamente al mercado laboral, lo que no ha sucedido de igual manera con los hombres que se hayan vinculado de igual forma a las tareas del hogar.  Esa migración pendiente de los hombres hacia las tareas del hogar representa para las mujeres una carga material y concreta.
En conclusión frente a lo anterior, podemos evidenciar que los cambios lo que evidencian son las permanencias de las desigualdades entre hombres y mujeres, la doble explotación de las mujeres tanto en el mundo laboral y en el hogar se expresan en dobles jornadas, responsables absolutas del trabajo en el hogar, bajos salarios y carreras laborales terminales (sin posibilidad de ascenso).
Cada vez se aumenta la brecha entre hombres y mujeres, ante los ojos de una   sociedad moderna pasiva que se muestra  incapaz de cerrarla.  No debemos  perder de vista que el trabajo del cuidado no remunerado, contribuye a la economía  y al desarrollo social de los países, sin embargo sigue invisibilizado cimentado en una supuesta característica natural de las mujeres, esencializando un trabajo que aporta riquezas,  sobrecarga a las mujeres y les impide acceder en igualdad de condiciones a otros espacios de la vida social.
 Por Alba Pineda

Bibliografía

Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. En P. Bourdieu, La dominación masculina (págs. 13-14). Barcelona: Anagrama.
Fernandez, M. Y. (Noviembre de 2015). Brechas salariales por sexo: Comportamiento para asalariados e indepencia. Obtenido de https://sitios.dane.gov.co/candane/images/DT_DANE/WP_brechas_salariales.pdf
Meyer, J., & Ramirez, F. (2000). Institucionalización mundial de la educación. En J. Scherieewer, Formación del discurso en la educación comparada (págs. 93 -98). Barcelona: Pomares S:A.


Peña, M. A., & Buschiazzo, L. (2006). /http://www.ciegchile.com/wp-content/uploads/2014/05/cs39-penaylillom222.pdf. Obtenido de http://www.ciegchile.com





ROUSSEAU,  FREIRE Y LA PEDAGOGÍA

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         El haber sido el siglo XVII,  una época de represión, separación del mundo y vigilancia continua a los niños y niñas, ¿sirvió para mejorar las condiciones de vida de las personas, en todos los ámbitos?
       El responderla, me lleva a hacer una reflexión continua sobre mi práctica pedagógica, ¿será, que si mis niños y niñas se encuentran “disciplinados” y siguiendo al pie de la letra las normas establecidas,  como lo eran en aquella época, eso  los hace más humanos, sociables y que aprendan a vivir en convivencia?; no, esa no es la solución, porque precisamente debido a la represión y prohibiciones constantes, es que los niños y niñas empiezan a mentir y a involucrarse en situaciones que les generan cada vez más inconvenientes, esto trae consigo conflictos, groserías, agresiones y toda clase de actitudes que permean la indiferencia y la frialdad.
       Otro de los cuestionamientos que me surge, es en relación con los sentimientos y la conformación de las familias; familias, que traen hijos al mundo para cumplir con unos parámetros  sociales y mantener un status sin pensar siquiera en la felicidad. La pregunta es: ¿de qué manera se educaban los niños y niñas en el seno de una familia ejemplar, afectiva y con valores humanos, si ni siquiera los padres compartían estos sentimientos el uno  por el  otro?
         De esta manera, me es imposible pensar en niños y niñas felices en la escuela. Siendo hoy uno de los objetivos primordiales de la educación, me agobia el hecho de remontarme a esta época y ver miradas de tristeza, tal vez resignación por una sociedad que te dice lo que debes hacer sin derecho a sentir o querer hacer algo diferente a lo que está establecido. Afortunadamente, hemos cambiado muchos de esos paradigmas y en busca de esa alegría de la infancia como lo menciona Rousseau, es nuestro compromiso hacer de la escuela un lugar ameno para los niños, que aprendan, que convivan y que sean personitas felices y libres para pensar en un futuro. Con respecto a la familia, hoy en día, es común que los niños sean parte de hogares en los que sus padres se separan, se agreden, permanecen en conflicto, eso nadie lo puede negar; pero es preciso  ahí, donde nosotros aportamos un  granito de arena, para hacer de la vida de ese niño o niña un lugar distinto en la escuela, un lugar en el que se perciban sentimientos de amistad, colaboración, afecto, que permitan la formación y no destrucción de esa personita que pasa por nuestras manos.
        Con las nuevas corrientes pedagógicas del siglo XVIII, se configura una forma distinta de ver al niño; se menciona la felicidad, la admiración y toda clase amparos que de una u otra forma cambia las dinámicas y permite la formación de padres débiles. Y niños tercos donde la cortesía pasa a la arrogancia, como lo menciona Rousseau, en su Emilio. 


       Es necesario de esta manera hacer una reflexión acerca de la importancia de establecer unos límites para no ser déspota pero tampoco totalmente condescendiente. Y en este punto, ¿Qué papel juega la escuela? ¿Pasa de ser una escuela austera y fría   a una protectora de los derechos de los niños?
        Nuestro papel como docentes se ha venido transformando a medida que las políticas educativas cambian, desde la renovación del vestuario hasta la formación en  las ciencias humanas como preparación para las nuevas relaciones en busca del progreso. Es un papel que de acuerdo a la coyuntura que se presente, se acomoda, pero no cumple la verdadera función para la que fue creada; la esencia de la escuela ha venido perdiendo su horizonte. Al ser una escuela que protege más los derechos de los niños, pasa a ser permisiva en cuanto al cumplimiento de los deberes lo cual no reconoce la formación de personas integrales.
     Desde este punto de vista y si logramos comprender que la educación es en sí, un acto político, en el que los sujetos protagonistas se transforman y transforman su realidad, esto implica generar un cambio de actitudes, saber pensar y establecer relaciones que permitan el reconocimiento del otro/a.

Es en sí un acto político, ya que se problematiza desde la existencia personal hasta la social permitiendo la liberación de las ideas de los y las estudiantes y como lo afirma Freire (2006)”Educar es conocer, es leer el mundo para poder transformarlo” (Freire, 2006, p. 9) al hablar de transformación  en el espacio escolar y la forma de relacionarnos, convirtiéndonos como docentes en   eje de ese cambio. “El mundo no es, el mundo está siendo” (Freire 2006, p. 5), esa es la consigna y con ella es que el trabajo en la escuela se encauza, hacia la formación de niños y niñas que busquen trascender, ser protagonistas en cada una de sus familias, sus aulas, su contexto, vivenciando mejores relaciones con el otro/a, haciendo posible un espacio diferente de convivencia, de manejo de emociones y aprendizajes para vivir de manera auténtica.





Es además, ser coherente con nuestros discursos, al hablar de transformación en el espacio escolar y la forma de relacionarnos, convirtiéndonos como docentes en   eje de ese cambio. “El mundo no es, el mundo está siendo” (Freire 2006, p. 5), esa es la consigna y con ella es que el trabajo en la escuela se encauza, hacia la formación de niños y niñas que busquen trascender, ser protagonistas en cada una de sus familias, sus aulas, su contexto, vivenciando mejores relaciones con el otro/a, haciendo posible un espacio diferente de convivencia, de manejo de emociones y aprendizajes para vivir de manera auténtica.

 DORIS ROCHA GARZON 
BIBLIOGRAFÍA

La pedagogía de Paulo Freire y el proceso de democratización en el Brasil. Barcelona, 2006. Ed. Octaedro.


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